Cuando somos sometidos por un pecado mortal, nos sometemos a nosoros mismos y al demonio. Nuestra alma muere y somos simples maniquíes ha merced de las pasiones y el odio. En nuestro conjunto hay una dictadura y un regimen egoísta que domina satanás.
La confesión es como ese ejercito del rey que pretende salvar a su vasallo que esta aprisionado. Si habéis leido “El Señor de los Anillos”, el pecado es como los orcos, seres putrefactos(pecados) que envilecen a la bella tierra en la putrefacción(los defectos).
Dios nos manda los ejercitos (la gracia) y nos salva pero como somos capaces de caer denuevo en negociar con satanás, tan mal traidor. Sin embargo el Supremo nos perdona. Tras miles traiciones siempre nos perdonará, claro esta si nosotros queremos.
No dejemos que ese falso aliado gobierne nuestras almas y que nos entorpezca nuestro camino de ascensión en amistad con nuestro señor Jesucristo.
